
Abrió el grifo de la bañera. Pronto el vaho lo nubló todo por completo. Bajó la tapa del retrete y se sentó. Cerró los ojos y se concentró únicamente en el sonido del agua al caer. El baño desapareció de repente. Comenzó a sentir escozor en la nariz, la temperatura de la habitación cayó de golpe y la sequedad en la boca se hizo patente. Le era todo tan familiar…
-Tengo que estar incubando algo- se dijo para sí.
Al momento recobró las energías, estaba mucho más viva que antes de entrar a aquella habitación, como si hubiera sido azotada por un golpe de adrenalina. Cerró el grifo de la bañera. Se miró al espejo, fascinada ante lo que éste le mostraba. Sonrió y salió del baño.
-Jade , ¿estás bien?
- -Mejor que nunca.
Sin embargo, los cercos alrededor de sus ojos descubrían su embuste. Jade no estaba bien. Su compañera de piso lo sabía, sus padres lo sabían, ella lo sabía, pero el silencio se había convertido en una basta barrera que impedía acceder hasta donde se encontraba. Estaba perdida y nadie podía encontrarla y ella... ella no quería que la encontraran.
Sus rituales visitas al baño habían aumentado notablemente de un tiempo a esta parte y, aunque aparentaba ser la de siempre, todos sabían que algo no iba bien en ella. Pero ésta se empeñaba en negarlo.
Jade salió de su piso del centro rápidamente. Se sentía nerviosa por algo, pero no conseguía adivinar el porqué de tal sensación.
Llegó a la plaza. Niños subiendo y bajando de los toboganes. Jade se preguntaba cómo no podían aburrirse de hacer aquello de manera reiterada, cómo no perdían su cara de entusiasmo tras subir las escaleras y tirarse por el tobogán una vez tras otra. Ella ya no era como esos niños. No podía con el hecho de levantarse todos los días sabiendo que nada había cambiado. Estaba harta de la rutina, harta de la situación que vivía, harta de que a nadie le importara. Sólo durante sus visitas al baño y tras meterse la raya de coca de rigor, ese mundo tan rutinario se desvanecía. El baño se había convertido en su paraíso particular. Durante ese instante conseguía que todas las formas se le antojaran novedosas, todo se transformaba, perdiendo su sentido inicial. Y aunque sabía que el efecto era breve, la mantenía con la esperanza de despertar de aquella pesadilla en la que estaba inmersa y de la que, estaba segura, conseguiría escapar de una vez y para siempre.
En esto pensaba mientras miraba fijamente el movimiento penduleante de un columpio. De adelante hacía atrás. Avanzando y retrocediendo poco después. Como su vida. Tras un instante se dio cuenta de que el efecto de la droga iba menguando y se decidió a volver a casa. Allí la estaría esperando Alex, postrada frente a la repisa, con los brazos cruzados delante del pecho y esa cara de preocupación que la venía acompañando desde hacía meses.
Pensó en ir a otro lugar. Las colinas de las afueras parecían un buen sitio, pero no llevaba ropa de abrigo y ya comenzaba a avistarse la llegada del otoño, así que desechó la idea.
- Habrá que volver a casa.
Caminaba con las manos en los bolsillos y mirando al suelo. Jade odiaba la sensación de ser observada, ante lo que había desarrollado una teoría: si no miras, ellos tampoco lo harán. Sabía que ésta no se sostenía en absoluto, pero se autoengañaba, como siempre. Era lo más fácil.
Empezaba a anochecer.
Dobló la esquina de su calle. Aquella sensación de nerviosismo inexplicable reapareció sin avisar. Decidió que había llegado el momento de mirar más allá de sus pies, pero entonces todo pareció borroso. El suelo se movía ondeante, las luces de las farolas comenzaron a ser insoportables y el corazón aceleró aún más los latidos.
De repente, todo desapareció.
-Jade, Jade despierta.
Abrió los ojos. Se sorprendió al verse en una cama. No, no era una cama, era una camilla. Aún llevaba su ropa puesta. Intentaba establecer una conexión entre el último recuerdo en su calle y el cómo había llegado hasta aquel hospital, pero no lo conseguía.
- -Jade! Vaya susto me has dado, ¿cómo te encuentras?
- Estoy mareada…
-- Tómate esto- dijo Alex acercándole una bandeja - acaba de traerlo la enfermera.
Jade miró fijamente a su compañera intentando descifrar la expresión de su rostro. ¿Pena?¿miedo?¿preocupación? ¿odio? No sabía con exactitud. Quería marcharse, huir de allí, tirarle la bandeja encima a su amiga y salir corriendo de aquella habitación tan pulcra, tan neutra, tan de hospital. Quería escaparse de aquel horrible lugar para siempre .
Aún le quedaba algo de coca para una raya en el bolsillo.
- Voy al baño…

